#cookieChoiceInfo { display: none; }
Allen Ginsberg, tras leer las críticas oficiales a su poema Aullido:
"La poesía ha sido atacada por un aterrorizado hatajo de ignorantes y pelmazos que no comprenden cómo se hace, y el problema con estos cretinos es que tampoco la reconocerían si se les apareciera en mitad de la calle y se los follara a plena luz del día."

jueves, 18 de enero de 2018

Infinitamente verde


No es una cita con soledades en penumbra
de penitente humillando la barbilla:
es la luz que lame los pezones de la idea.

La hora en que los niños salen libres de la escuela
para comer la tarde infinitamente verde,
corriendo más allá del peso y la medida;
la goma que borra los tachones de su tiempo

para escuchar música que llega 

de algún espacio perdido.


No es un yo retirado,
no es un tú diamantino,
no es un nadie haciendo nada,
ni hablar menos de humano que divino.

Nosotros, saltando sobre los abismos
para cruzar a la orilla que dicen los muertos 
que no existe.

A veces le llaman poesía.









sábado, 13 de enero de 2018

Gris plomizo


Nace el día
dando pena.
Por la espalda del monte
llega una nube de gasa
con manto negro de gala
de pálida niebla
(La niebla pálida es la que enreda el cielo con el páramo para hacer con ellos una cesta de mimbre por la que escapan, como de un cedazo, estrellas frías por la superficie media del oxígeno)
Nace el día
con cara de metal dispuesto a romper en llanto
de un momento a otro elemento más
de gris plomiz
o







martes, 26 de diciembre de 2017

Pinchos


Ponen pinchos en los árboles,
para que no descansen los pájaros.
Y en las vallas que nos separan de Marruecos.

Ponen pinchos, los idiotas,

y nadie cuida ni abraza a los niños de la guerra,
tampoco les piden perdón, por ser tan idiotas,
ponen pinchos en barcazas, en caminos,

ponen pinchos, los idiotas.

A sus hijos les ponen pinchos en la mesa,
en la mente también les ponen pinchos,
el mundo está lleno de pinchos y
nosotros no queremos pisarlos,
pero hay tantos...
uno de ellos nos está esperando
a la vuelta de cualquier esquina
con nuestro nombre grabado en el filo
que más daña,
que desgarra el corazón
como si fuese un bloque de agua
o la equivocación de una línea recta.

A los idiotas les gustan mucho los pinchos, y a los fakires.










miércoles, 20 de diciembre de 2017

De sal

“Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable
Amo aunque luego me vea obligado a aullar”
(Louis Aragon)





Vendrá el día en que

las tumbas serán de arena

limada por el viento,

los muertos apenas se moverán.

El agua será recuerdo

imaginado en las grietas

de una piedra antigua

pintada de sal

verdosa, ignorante

de la cicatriz abierta

en la fuente de la niebla

alma espejo intercambiable

habitante de intemperie

tenebrosa y filo

de puñal.












sábado, 2 de diciembre de 2017

Como quien no teme



Escribir como quien no teme. 

Con el mango de una sartén y el cuchillo afilado, 

de perfil y de frente, 

de espaldas al público, 

dentro del foco, a manos llenas, con la boca grande, 

sobre el mantel y en adelante. 

Al lado de quien no puede, no quiere, 

no contesta ni sabe ni le importa, 

con palabras bárbaras, delicuescentes, impávidas, 

palabras-simiente divinas, 

humanas, ajenas y permanentes. 

Sin pretextos, sin excusas,

sinceramente.

Como quien no teme.

















domingo, 26 de noviembre de 2017

El secreto


Qué quieres que te diga,

niña,

del pan y las sombras.

Si tu madre opina que el uno se come y las otras ocultan,

si el maestro explica que son cimiento y

la cara misteriosa de la luna,

si te obligan a tener poco

y a pintar de blanco la fosa.

Que diga lo que pienso,

dices,

de la espiga dorada bajando la cabeza en señal de respeto,

cuando la luz es un mimbre mojado por la noche y

la caricia del viento,

el secreto que les une.







martes, 21 de noviembre de 2017

Brindis


Brindo por ti,

en esta hora que no es de hielo ni de noche;

ahora que el color de tus ojos se ha perdido

y tu olvidado cuello

no existe en mi memoria;

ahora que nunca se me aparece

tu aliento por las venas,

señoras eternas de mis escalofríos.


Brindo porque estoy viva, porque nunca estuve loca,

por que te quedes con el calor que no dabas.

Brindo por la nube que salta sobre mi espalda,

por el gorrión, su vuelo y

por este dolor

en la boca del estómago,

que me está diciendo

que no brinde por ti.